LA BALLENA QUE VOLVIÓ DEL SILENCIO: COMODORO RIVADAVIA CELEBRA EL REGRESO HISTÓRICO DE LA BALLENA SEI
Después de casi un siglo sin registros, uno de los gigantes más esquivos del océano vuelve a dejarse ver frente a las costas del Golfo San Jorge. Un acontecimiento científico, ambiental y turístico que reescribe la historia natural de la Patagonia azul.
Tras casi 100 años de ausencia, la ballena sei (Balaenoptera borealis), la tercera especie más grande del planeta, reapareció en aguas del mar patagónico frente a la ciudad, marcando un hito para la ciencia, la conservación y el turismo de naturaleza en la región.
Estas majestuosas visitantes pueden observarse en grandes grupos muy cerca de la costa, un fenómeno único a nivel mundial: hasta 70 ejemplares fueron registrados desde los acantilados de Punta Marqués, en Comodoro Rivadavia. En ningún otro lugar del planeta se las ve en tales números y a tan poca distancia del continente.
A diferencia de otros grandes cetáceos, la ballena sei no realiza migraciones breves de paso por la región, sino que permanece durante largos períodos en el Golfo San Jorge. Investigaciones científicas confirmaron que su presencia se extiende desde la primavera hasta el otoño, con registros frecuentes entre los meses de octubre y junio. En particular, entre marzo y junio se concentra la mayor cantidad de ejemplares, consolidando a la zona como un área clave de uso estacional para la especie.
Aunque no suelen realizar saltos espectaculares, su imponente aleta dorsal asomando entre las olas las delata. Con hasta 18 metros de largo y más de 20 toneladas de peso, su presencia impone respeto y admiración. Pueden alcanzar velocidades de hasta 50 km/h, lo que las convierte en uno de los cetáceos más veloces del mundo.
El regreso de la ballena sei fue confirmado por equipos de investigadores argentinos que lograron identificar ejemplares de una especie que no se registraba en la costa desde 1929. A partir de un trabajo sistemático iniciado hace más de una década, que incluyó observación directa, vuelos de relevamiento, análisis genéticos y seguimiento satelital de individuos, se pudo confirmar que la especie que aparece con mayor frecuencia en la zona es efectivamente la ballena sei, especialmente en el área de Punta Marqués.
El hallazgo fue confirmado por un equipo de investigadores que lograron identificar ejemplares de esta especie que no se registraba en la costa argentina desde 1929. Su regreso no solo emociona por lo excepcional del avistaje, sino porque simboliza una lenta pero esperanzadora recuperación tras décadas de explotación ballenera.
De cuerpo estilizado, movimientos veloces y una presencia imponente —puede alcanzar hasta 18 metros de largo y superar las 20 toneladas— la ballena sei es una de las especies más enigmáticas del océano. A diferencia de la ballena franca austral, su comportamiento más esquivo y su preferencia por aguas abiertas hicieron que durante años pasara inadvertida para la observación costera.

La historia de su desaparición está íntimamente ligada a la caza comercial intensiva del siglo XX. Se estima que cerca de 300.000 ejemplares fueron cazados en todo el mundo, lo que redujo su población global en más de un 80% y la llevó a ser catalogada como especie “en peligro de extinción”. Hoy, se calcula que sobreviven entre 10.000 y 50.000 individuos a nivel mundial.
Los primeros indicios de su retorno al Golfo San Jorge comenzaron a registrarse a principios de los años 2000, a partir de respiraciones y comportamientos atípicos detectados en el mar. A partir de 2019, un trabajo sistemático encabezado por científicos permitió confirmar, mediante análisis genéticos, vuelos de relevamiento y observación directa, que la especie que más frecuentemente aparecía en la zona era efectivamente la ballena sei, especialmente en el área de Punta Marqués.
La zona central del Golfo San Jorge se ha consolidado como una importante área de alimentación para la ballena sei, que se nutre principalmente de peces pequeños y plancton, en especial bogavantes.
Su abundancia actual es tan significativa que se están desarrollando avistajes controlados, potenciando a Comodoro Rivadavia como un nuevo destino de turismo náutico y científico en la Patagonia.
La presencia de la ballena sei coincide además con una notable actividad de delfines, como delfines oscuros, grises y nariz de botella, enriqueciendo aún más la biodiversidad del Golfo San Jorge y ofreciendo un espectáculo natural de alto valor ecológico y turístico.
En el resto del mundo, estos gigantes oceánicos solo pueden observarse mar adentro, en lugares como Noruega, donde lamentablemente aún está permitida su caza. En contraste, la costa patagónica argentina ofrece un escenario natural, prístino y seguro, donde la ciencia, la conservación y el turismo responsable conviven en equilibrio.
En el resto del mundo, estos gigantes oceánicos solo pueden observarse mar adentro, en lugares como Noruega, donde lamentablemente aún está permitida su caza. En cambio, la costa patagónica argentina ofrece un escenario natural, prístino y seguro, donde la ciencia y el turismo pueden convivir en armonía.
Este regreso convierte a Comodoro Rivadavia en un escenario privilegiado para la investigación científica y refuerza su posicionamiento como destino emergente de turismo de naturaleza y avistaje responsable de fauna marina.
En este contexto, la ballena sei fue elegida como símbolo de “reconquista”: la de una especie que vuelve a ocupar el territorio que alguna vez le perteneció, y la de una Patagonia que reafirma su compromiso con la protección de su biodiversidad marina. Su retorno es también un recordatorio de los desafíos pendientes: el cambio climático, la contaminación, el tráfico marítimo y las actividades humanas continúan siendo amenazas latentes.
La presencia de la ballena sei refuerza esa visión, sumándose a los atractivos del Cerro Chenque, el Pico Salamanca —el punto más alto de la costa atlántica— y la riqueza paisajística de la Estepa Patagónica, entre otros.
