Enoturismo en Argentina: tres paisajes, tres maneras de descubrir el país a través del vino
El Bayeh en Jujuy, Pulenta Estate en Mendoza y Malma en Neuquén invitan a descubrir el vino desde sus
lugares de origen. Un viaje en tren por la Quebrada de Humahuaca, degustaciones al pie de los Andes y
noches entre viñedos patagónicos combinan historias familiares, gastronomía y distintas formas de
recorrer cada destino.
La visita a una bodega puede comenzar mucho antes de la
primera copa y continuar después de la degustación. En Jujuy, Mendoza y Neuquén, el
recorrido incluye un tren que llega hasta los viñedos, una cava subterránea y alojamientos
donde pasar la noche: tres propuestas para descubrir la Argentina a través del vino, con las
particularidades de cada región como hilo conductor.
Según un relevamiento de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) publicado en abril
de 2025, el país contaba con 487 establecimientos vitivinícolas abiertos al turismo en 17
provincias, un 32% más que en 2023. En esa línea, el Informe Mundial sobre Enoturismo 2025
de ONU Turismo también señala el avance de las propuestas gastronómicas, de bienestar y
culturales junto con las visitas y degustaciones. Una diversidad de experiencias que comienza
en el trayecto hacia la bodega.
El Bayeh y el Tren del Vino en la Quebrada de Humahuaca
En Maimará, frente a la Paleta del Pintor, Bodega El Bayeh suma una llegada poco habitual: el
Tren del Vino. La experiencia, desarrollada a bordo del Tren Solar de la Quebrada, combina el
recorrido por los paisajes jujeños con visitas a bodegas y degustaciones. Desde marzo de 2026,
El Bayeh es la primera bodega del país en contar con un apeadero propio que permite llegar
directamente al entorno de sus viñedos.
Detrás del recorrido por la Finca Ollantay y la bodega, hay una historia familiar. El proyecto
nació en 2018, cuando la familia Manzur decidió recuperar el sueño vitivinícola de su abuelo
Pedro. Sus vinos se elaboran tanto con uvas de fincas propias que la familia posee en Maimará
y Huacalera como con uvas criollas cultivadas por pequeños productores de Maimará, Tilcara y
Purmamarca que decidieron poner en valor junto al viticultor Matías Michelini. Esa relación con
los productores de la Quebrada amplía la mirada sobre una región donde la vitivinicultura
convive con las tradiciones andinas.
En Finca Ollantay, los visitantes pueden recorrer los viñedos, conocer las particularidades de la
vitivinicultura de altura está ubicada a 2.400 metros y participar de degustaciones frente a la
Paleta del Pintor. La propuesta se complementa con Casa Mocha, en Huacalera, donde la
gastronomía regional incorpora influencias de la cocina libanesa, junto con arte y cultura local.
Además, cada marzo, el festival de La Vendimia de El Bayeh reúne vinos, gastronomía, música
y cultura con los paisajes de la Quebrada de Humahuaca como protagonistas.
Pulenta Estate y las degustaciones al pie de los Andes
En Alto Agrelo, Luján de Cuyo, Pulenta Estate propone acercarse a una historia de cuatro
generaciones dedicadas al vino. La visita recorre los viñedos y la bodega, presenta los métodos
de vinificación y permite conocer el legado de la familia Pulenta. Con la Cordillera de los Andes
a la vista, el recorrido pone en relación el suelo, la altura y el clima con los vinos que después
llegan a la copa.
La visita con degustación dura aproximadamente una hora y cuarto y requiere reserva previa,
sujeta a disponibilidad y confirmación de la bodega. Los cupos son limitados según el tipo de
degustación y se puede solicitar la visita en español, portugués o inglés.
Las degustaciones guiadas permiten explorar distintos estilos, desde etiquetas clásicas hasta
vinos de parcelas específicas. La propuesta enoturística también incluye experiencias
sensoriales, maridajes con quesos locales y degustaciones privadas en la cava subterránea.
Estos formatos ofrecen distintas maneras de acercarse a los vinos de la bodega y complementar
lo aprendido durante el recorrido.
Entre las novedades de la bodega se encuentra el Pulenta Estate Albariño 2025, su primera
interpretación de esta variedad de origen oceánico en tierras mendocinas. El proyecto comenzó
en 2019 con 395 plantas y seis años de investigación sobre su adaptación a Alto Agrelo. Este
blanco, de frescura y expresión aromática, suma otra faceta al trabajo de la bodega.
Malma y una estadía entre viñedos patagónicos
En San Patricio del Chañar, Neuquén, el vino cuenta otra historia. Los vientos constantes, las
escasas precipitaciones y la amplitud térmica forman parte de las condiciones en las que crecen
los viñedos patagónicos. En ese entorno, Bodega Malma combina recorridos por las viñas,
degustaciones y una gastronomía inspirada en los productos de la región.
La propuesta da lugar a una visita que puede continuar en la mesa o convertirse en una estadía.
Recorrer los viñedos y probar sus vinos permite acercarse a la producción de la bodega; la
gastronomía suma otra entrada a la Patagonia, a través de sus ingredientes. La sustentabilidad
también forma parte de su filosofía de trabajo, con prácticas orientadas al cuidado de la
biodiversidad, la protección del suelo y el uso eficiente del agua.
Para quienes quieren quedarse a dormir, Aldea de Terruño by Haiku, el alojamiento boutique
de la bodega, propone una estadía entre viñedos en tres casitas independientes: Chardonnay,
Pinot Noir y Malbec. Los nombres llevan la identidad del vino al alojamiento y dan continuidad
a la visita, esta vez desde un lugar que se habita y no solo se recorre.
A aproximadamente una hora de Neuquén capital, el alojamiento permite dedicarle más
tiempo al destino y combinar las actividades de la bodega con una noche en el lugar. El cambio de ritmo también modifica la perspectiva: después de conocer los viñedos durante el recorrido,
los huéspedes pueden despertar junto a ellos y continuar su estadía en el mismo entorno
donde se producen los vinos.
